miércoles, 25 de marzo de 2015

Consummatum est: Morir sin arrepentimientos


Por el amor que no tuvieron mis ancestros
y me heredaron como causa de deseo,
deseo de crear,
deseo de sanar,
deseo de vivir,
deseo de amar.

Desde el fondo de la tierra
más allá de la existencia,flotan almas solas,
todas crucificadas.
Hombres y mujeres lloran
por un amor que nunca tuvieron

Saúl Hernández (Caifanes), La llorona

                       
La muerte es fría, un cadáver expulsa todo calor rodeándose de un halo gélido, su rostro contraído es expresión radical de la ausencia de posibilidad, sus labios purpúreos susurran serena o angustiosamente: “lo hecho, hecho está”, la clausura de sus ojos cercena el lazo primordial de los vínculos. Respirar esta glacial brisa por meses borró de mí todo apego a los restos físicos humanos, nada de la persona permanece ahí, experimentar asfixia por la concentración de últimos alientos fue señal suficiente de que mi vocación no era el acompañamiento de moribundos, por lo que hace varios años dejé mi trabajo de apoyo psicológico en el área de terapia intensiva de un reconocido hospital. Como Caín, salí de ahí con una marca, la evidencia del arribo incierto de la muerte. Al paso del tiempo, esa experiencia me llevó a la convicción que cada día de mi vida debía concluirlo sin dejar pendientes existenciales, de esta manera cuando llegue la muerte podré decirle de frente aquella mítica frase atribuida por la tradición a los labios del Jesucristo crucificado: Consummatum est (Todo está cumplido).
Lograr lo anterior implica preguntarse cada noche si uno guarda algún arrepentimiento y si es así, cómo puede superarlo. En general, las personas vivimos aplazando los pendientes existenciales, lo cual explica la gran cantidad de enfermos terminales y moribundos que desean regresar en el tiempo para vivir de otra manera. En 2011, Broonie Ware, una enfermera experta en cuidados paliativos y enfermos terminales de origen australino, puso a la luz pública la sistematización de “confesiones honestas y francas de personas en sus lechos de muerte” recolectadas a través de los años entre sus pacientes. Regrets of the dying es el título de su libro cuyo contenido se diseminó por internet, las redes sociales y los medios de comunicación. Como ella misma menciona: "Encontré una lista grande de arrepentimientos, pero en el libro traté de centrarme en los cinco más comunes". Los cinco arrepentimientos son los siguientes:

1- Ojalá hubiera tenido el coraje de hacer lo que realmente quería hacer y no lo que los otros esperaban que hiciera.
2- Ojalá no hubiera trabajado tanto.
3- Hubiera deseado tener el coraje de expresar lo que realmente sentía.
4- Habría querido volver a tener contacto con mis amigos.
5- Me hubiera gustado ser más feliz.

Como sucede con este tipo de contenidos, impactan intensamente pero de manera breve. En la actualidad, a las personas les gusta ser “movidas” por estas síntesis más no se detienen en una reflexión profunda sobre sus mensajes implícitos. 
La misma autora señala un aspecto muy interesante, los cinco arrepentimientos se refieren a lo no hecho, esto parece un asunto de época, el mayor “pecado” es no vivir, en otras etapas históricas el arrepentimiento solía asociarse a las acciones que comprometían el tránsito a un espacio de trascendencia, a lo hecho, particularmente a lo hecho mal y al daño a otros. ¿Por qué precisamente en la era con la mayor posibilidad de bienestar –al menos en países como Australia-  los mayores arrepentimientos se refieren a lo que no se hizo? Al parecer la idea de felicidad más que traer confort se está convirtiendo en una pesada carga imperativa: Sufro por que no soy feliz, me arrepiento por no ser feliz. Quizá sería conveniente revertir el orden de los arrepentimientos:

1. Quítese de la cabeza la idea de la felicidad.
2.  Si quiere ver a sus amigos, búsquelos, estamos en la era de las telecomunicaciones.
3. Diga lo que siente, esto se facilita si también tiene la apertura para escuchar lo que otros sienten.
4. El trabajo por sí mismo no es el problema, pero una pregunta básica es: ¿para qué trabajo? Al responder esta pregunta es probable que encuentre respuesta a otras preguntas como: ¿cuánto tengo que trabajar?, ¿hasta cuando trabajaré?, ¿dónde quiero trabajar?, etcétera.
5. El filósofo Edmund Husserl afirmaba que la base de la objetividad es la intersubjetividad.Esto puede sonar paradójico, pero, en resumen, lo que nos quería transmitir es que solamente contrastando nuestras percepciones con los demás podemos arribar a una perspectiva objetiva. En la actualidad aspiramos a ser nosotros mismos y no dejarnos influir por los demás. Fungiré como destructor de ilusiones narcisistas, eso no es posible, es más, la idea de querer ser “nosotros mismos” ya lleva incluida la idea del otro. Nuestra condición es intersubjetiva y de alguna manera siempre hacemos lo que alguien espera, nos arrepintamos o no de ello.

     El otro día escuché en un programa la afirmación contundente de una conductora: “El amor de tu vida, debes ser tú mismo”. Me pareció muy deprimente, la verdadera intensidad del amor, su gloria y su drama, es que hay otro, la propuesta de esta persona se acerca al delirio solipsista, un alarde de los placeres autoeróticos. Lo cual se acerca mucho a los arrepentimientos registrados por Ware, parecieran gritos desesperados: ¿Por qué no fui Yo? ¿por qué no me besé más a mi mismo? Es triste lo que diré, pero las enfermedades demenciales como el Alzheimer lo prueban, lo que denominamos “Yo” es pura memoria, se acaba la memoria y se acaba el “Yo”. Así que una vida dedicada sólo a coleccionar vivencias, puede concluir de manera catastrófica con el olvido de todo. Nuestro ser atraviesa la memoria, al “Yo”, las funciones mentales no son nuestro ser, aunque tengamos la tendencia a equipararlas. Son numerosas las ocasiones en que el ser muere mucho tiempo después que el “Yo”.
Hay quienes consideran la escritura como un medio para la trascendencia, mi perspectiva es inmanente, mi escritura es una invitación a la interlocución, es un acto intersubjetivo a través del cual pretendo llegar al dato objetivo más importante, saber que estoy aquí y que a diario co-creo con ustedes esto que llamamos vida.




jueves, 19 de marzo de 2015

House of Cards: La cura contra el optimismo

      Hay amaneceres en los cuales siento rebozar mi corazón de esperanza y confianza por la humanidad y su devenir. Mi creencia en la bondad humana eleva su señal como si fuera un dispositivo recibiendo una señal total de Wi-Fi. Salgo a la calle y sonrío, tarareo esa vieja canción residuo de mis memorias infantiles: “Viva la gente”. En esas mañanas hasta en el tráfico encuentro señales de sentido existencial, lo percibo como una oportunidad para la reflexión y el encuentro conmigo mismo, aplico todos aquellos recursos definidos por el filósofo alemán Peter Sloterdijk como antropotécnicos, confío en la posibilidad de transformación de la condición humana y la búsqueda del bien común y la convivencialidad positiva.  Así transcurren las horas, hasta que llega el mediodía y durante la comida pongo en mi pantalla (ahora las pantallas son personales, así que hay que enfatizar la conquista individual de este territorio), un capítulo de la tercera temporada de la serie House of Cards. De esta manera se diluye todo mi optimismo y todos los sentimientos positivos experimentados me resultan sumamente sospechosos. En un instante tengo la certeza de que la expectativa y búsqueda de la bondad humana es el consuelo de todos aquellos quienes no detentamos el poder, esto me hace recordar porque en la encrucijada de la especialización psicoterapéutica, decidí orientarme por el psicoanálisis, la cruda visión del ser humano propuesta por Sigmund Freud, es la más congruente con los hechos humanos, mientras que la gran mayoría de las perspectivas “psi” se sustentan en ideas sobre lo que “deberían” hacer los seres humanos. House of Cards también me hace recordar aquella interesante, inquietante y polémica investigación, realizada por el psicólogo Philip Zimbardo, que integró en su libro El efecto Lucifer. En 1971 este autor creó una simulación de una cárcel en la Universidad Stanford, asignó a los participantes voluntarios roles de presos y custodios. Aún sabiendo todos que era una simulación, la situación se salió de control y se creó un sistema de poder que inició prácticas de coacción y tortura. La conclusión fue que bajo ciertas circunstancias, todos los seres humanos somos susceptibles a ejercer la crueldad. Esto se agudiza cuando se tienen atribuciones de poder, por tanto, el señalamiento no es hacia las malas prácticas del poder, sino al poder mismo. Por tanto, si alguien quiere “ser bueno”, aléjese del poder.
       Francis Joseph (como el emperador austriaco) "Frank" Underwood, el ficticio presidente de Estados Unidos que ascendió por la renuncia del presidente previo sin pasar por el escrutinio de los votos, integra en su persona y su comportamiento un mosaico en el que se dan cita Sun Tzu, Maquiavelo, Hobbes, Macbeth (con todo y su Lady), entre otros. Ya en territorios shakesperianos cabe la referencia a Ricardo III, obra de la cual los productores de esta serie retoman el recurso de que el protagonista monologue con el público y le comparta sus pensamientos más obscuros, esto crea en el espectador la sensación de estar compartiendo los secretos del poderoso, se hace cómplice y eleva su autoestima al creer que está entendiendo los complejos hilos que mueven la política de la gran potencia y de la política internacional; es un invitado privilegiado en la Oficina Oval y hasta en la recámara misma del presidente.  
       Resulta interesante hacer el cruce analítico entre diferentes series que abordan el tema de los gobiernos y el poder: The Tudors, The Borgias, Vikings, Marco Polo o Game of Thrones. De todas ellas, incluyendo la que hoy nos ocupa, concluyo que el poder es un sistema cerrado que se autogenera y autodinamiza, este sistema coloca una barrera grande con el resto del entorno a tal punto que decisiones que afectan a miles o millones (dependiendo la época), se toman en una oficina o una sala como si fueran los dioses del Olimpo moviendo las piezas del tablero humano. Todo funciona bajo el presupuesto de que el mal menor  justifica el bien mayor, por tanto, la persona desaparece y quedan solamente funciones que pueden ser fácilmente cubiertas entre los mismos miembros del sistema cerrado. La vida y la muerte no son temas ontológicos sino pragmáticos, el capital común es manipulado como si del juego de Monopoly se tratara, con gran ligereza y en beneficio del sistema mismo. Muchos más son los puntos que podrían señalarse, pero lo que más me inquieta del tema del poder es la siguiente interrogante: ¿Por qué los seres humanos tenemos la necesidad de concentrar en una sola persona o en unas cuantas personas la administración de nuestra vida común? En la actualidad podría pensarse que tras la caída de la metafísica como organizador social en el siglo XIX,  los Estados cubren las atribuciones otorgadas previamente a los dioses, y por tanto, quienes encabezan esos Estados son los dioses mayores. Pero ¿antes de esta época? Quizá nuestro cerebro sólo nos permite pensar el Todo si tenemos como referente el Uno, esto es, necesitamos un referente único para a partir de él intentar organizar la complejidad de nuestras comunidades, como si pensáramos a modo de organigrama. También retorna el multicitado cuestionamiento de Leibniz: “¿por qué hay algo en vez de nada?”. Claro que él lo aplica a la naturaleza o al universo, pero puede plantearse con el poder: ¿por qué hay poder en vez de nada?  Con esto no pretendo hacer un manifiesto del “encapuchado”, estereotipo del anarquista que ya se mundializó, en México creíamos que era un producto nacional, pero el día de ayer en Frankfurt, durante la inauguración del Banco Central Europeo, hubo varios encapuchados de varias nacionalidades protestando en los alrededores. No va por ahí, a mí me gusta respirar libremente, sólo que ante tantas réplicas a través de la historia hacia el poder, me pregunto ¿para qué? Y a esta pregunta agrego otra: ¿por qué aún con esto, tantas personas aspiran al poder o pretenden combatir al poder con poder? Frases como: “Voten por mí y yo acabaré con los poderosos”, me llevan a la pregunta: ¿la persona que la enuncia se suicidará si gana el puesto de poder para cumplir su promesa de campaña?
        En realidad no le veo salida a este problema, lo que nos muestra sin piedad la serie House of Cards es que el poder se mueve pero no se agota y que cualquier confrontación con el poder genera más poder. A la prensa se le denomina el cuarto poder (tras el ejecutivo, el legislativo y el judicial), a los medios de comunicación el quinto poder y a las redes sociales el sexto poder. Las variedades del poder ya están por alcanzar al de las artes.
La posición radical ante el poder es el silencio y no temer a la muerte, ni a la propia ni a la de otros. Pero esto es complicado, por tanto, hay que buscar alternativas menos efectivas pero más asequibles. Lo primero es alejarse del poder, esto no quiere decir que las irradiaciones del poder no nos tocarán, es más nos pueden enfermar y aniquilar, pero a mayor cercanía el riesgo es mayor, como la radioactividad. Otro aspecto relevante es no reproducir en nuestro grupo lo que denunciamos en los poderosos, como el sujeto que tras participar en una marcha contra los abusos del gobierno llega a su casa exigiéndole a la esposa que le sirva de cenar y le destape una cerveza, o somete a sus hijos a un clima de terror. Esto se parece a quienes apoyan la lucha contra el narcotráfico y se oponen a la legalización de las drogas, pero las consumen. Lo otro es replantearnos nuestros conceptos, hay quienes señalan a los poderosos pero promueven el “empoderamiento” de los vulnerables, esto coincide con lo que mencionaba anteriormente, es querer confrontar el poder con poder. La debilidad de este planteamiento es pensar que si esos vulnerables alcanzan el poder harán las cosas mejor. Como lo plantea Tolkien en el El Hobbit  y El Señor de los anillos, sólo un ser excepcional puede resistir la seductora fuerza del poder, casi todos pensamos que podemos ser el Bilbo o el Frodo de nuestra época, pero lo cierto es que lo creemos porque en realidad no tenemos poder. En fin, considero que nuestra mayor responsabilidad es con nuestro entorno inmediato, con las personas con las que convivimos cotidianamente, con las acciones que emprendemos en nuestra “parcela” existencial. Internet nos crea la ilusión de que podemos incidir de manera global, lo cierto es que gran parte de las producciones en la red son consultadas por un grupo muy pequeño o en casos muy dramáticos por nadie, salvo el creador mismo. Basta con que los usuarios de redes sociales reflexionen sobre cuantos comentarios, likes o reenvíos generan sus publicaciones. En general son muy pocas y suelen ser por parte de las mismas personas.
House of Cards es una gran historia, a cada espectador le despierta ideas y sentimientos muy particulares, como sujeto de análisis Frank Underwood me parece apasionante, pero no me llega a entusiasmar su vida. Esto puede sonar como el consuelo del ciudadano común, pero responderé como lo hice a un amigo que hace muchos años me preguntó: “¿entonces que harías tú si fueras político?”, mi respuesta fue: “Nada, porque jamás haré nada para ser político”.
 



domingo, 8 de marzo de 2015

Hombres sin mujeres: la soledad de lo masculino según Murakami

Un buen día, de repente, te conviertes en un hombre sin mujer…Convertirse en un hombre sin mujer es muy sencillo: basta con amar locamente a una mujer y que luego ella se marche a alguna parte… Y una vez convertido en un hombre sin mujer, el color de la soledad va tiñendo hasta lo más hondo de tu cuerpo… Y en ocasiones perder a una mujer supone perderlas a todas.

Haruki Murakami, Hombres sin mujeres


Un psicótico, un delincuente (al menos eso parece), un asexual, un viudo, un don Juan, un discapacitado y un nostálgico. Siete personajes que podrían ser uno mismo en diferentes etapas de la vida, todos hombres, todos vinculados con una mujer a la que aman, todos influidos por ese “órgano independiente especialmente diseñado para mentir” con el que, según el Dr. Tokai (apellido que en castellano se presta para un buen albur), nacen todas las mujeres.
De nuevo Murakami, con cuya obra tengo una relación compleja, en momentos me parece muy banal, pero no puedo dejar de leerlo y al final descubro que acaba de abordar otro gran tema de nuestra época. En su último libro, el cual arribó a las librerías mexicanas apenas la semana pasada, Hombres sin mujeres,  el autor nos comparte siete relatos sobre hombres solos, lo cual no implica la falta de parejas sexuales sino de una compañera cómplice de un amor exclusivo. Lo que en momentos parecieran arrebatos sentimentalistas de Murakami, posteriormente develan un hecho casi inobjetable, la equidad de género ha conquistado el terreno de la infidelidad, con la peculiar diferencia de que mientras en los hombres es motivo de ostentación en las mujeres predomina las discrecionalidad. El tema no es nuevo en la literatura, los clásicos franceses y rusos ya dieron cuenta de ello, ahí están Madame Bovary  y Ana Karenina, lo que cambia es el abordaje, en las novelas decimonónicas se impone la perspectiva androcéntrica y la mujer infiel sufre un castigo, en las narraciones de Murakami sucede algo muy diferente, la infidelidad empodera a las mujeres, ante lo cual los hombres se quedan como dice Kino, uno de los personajes, tan sólo con “una herida y muy profunda”.  La masculinidad tradicional se ha resquebrajado, lo cual abre nuevos e interesantes horizontes de vinculación entre los géneros, sin embargo, en este momento de transición los hombres apenas estamos construyendo nuevos puntos de apoyo, de ahí que para muchos la pérdida de la mujer amada sea la pérdida total de sentido y una marca permanente de abandono.
Haré algunos comentarios a partir de algunas frases de los relatos de este libro.
·  Una vez que te metes en el papel, es complicado encontrar la ocasión oportuna para dejarlo. Quizá este sea el punto de quiebre de toda pareja, asumir un rol bajo la premisa de su perpetuidad, como si através del tiempo fuéramos los mismos. El argumento más recurrente de la infidelidad se sustenta en el hartazgo de “más de lo mismo”.  Esto tampoco implica que cada mañana se experimente una transformación, eso al paso de los días sería en sí mismo una rutina. Se trata de la espontaneidad y de actualizar el deseo, tiene sus riesgos, pero es menos tedioso.
·  No conseguía quitarme de la cabeza la imagen de mi mujer en brazos de otro hombre. Siempre reaparecía…. Yo creía que con el paso del tiempo acabaría desapareciendo. Pero no fue así. Al contrario, su presencia se volvió más intensa que antes. Necesitaba espantarlo. Y para eso tenía que eliminar esa especie de rabia que sentía en mí. El hombre celoso o al que le han sido infiel, suele quedar atrapado en el pensamiento rumiante. Trae una y otra vez la imagen dolorosa, sea testimonial o imaginada. Cuestionan su representación de si mismos; infravaloran sus habilidades sexuales y se  inhiben o buscan conductas compensatorias; rastrean información sobre “el otro” para encontrar sus fallas y predecir el fracaso de la nueva relación; esperan, como Flaubert o Tolstói  el castigo de la aún amada. El motor de todo esto es la ira, es la incapacidad de pensarse “engañado”, nos educan como machos alfa y no sabemos que hacer en la ubicación beta. La única manera de liberar estas imágenes, es dejar fluir el enojo y aprender para el futuro que el enamoramiento no es garantía de exclusividad, sino solamente de que se está enamorado, y esto, mientras no se demuestre lo contario.
· Existen una clase de personas que, debido a una excesiva despreocupación, a sus pocos desvelos, se ven obligadas a llevar una vida sorprendentemente artificiosa… Para poder ser fieles a sí mismas (por decirlo así) en el mundo torcido y complejo que las rodea, estas personas necesitan entregarse a una serie de operaciones de ajuste, aunque, por lo general, ellas mismas ni siquiera se dan cuenta de las penosas artimañas a las que tienen que recurrir para sobrevivir. Este fragmento se refiere al     Dr. Tokai, que cómo su apellido lo dice, al menos en castellano, lo suyo es tocar ahí, es cirujano plástico y don Juan. Es un personaje paradigmático, aquel que sabe que el enamoramiento es la perdición del amante ocasional, su secreto es una mezcla de sosiego, paciencia, diversificación, discreción y… dinero para financiar el misterio. Lo suyo son las mujeres casadas o que ya han encontrado al “amor de su vida”, aún así “alrededor de un tercio de las mujeres que contraían felizmente el sagrado matrimonio lo llamaban de nuevo por teléfono al cabo de unos años”. Lo anterior da cuenta de que quizá el matrimonio fiel sea una misión imposible para la tercera parte de la humanidad. Es probable que para muchas personas, hombres y mujeres, la única manera de sobrevivir un matrimonio sea a condición de poder escapar en ocasiones por la ventana de la infidelidad. Aún con la disciplina y artilugios del Dr. Tokai “un buen día, quién iba a imaginárselo, se enamoró perdidamente. Como un astuto zorro que por descuido cae en la trampa”, y así comenzó su caída, que es una historia que convulsiona el corazón pero que me reservo para dejárselos como aliciente para leer el libro.
·  No dejó la empresa porque se sintiera insatisfecho con su trabajo, sino por un imprevisto problema conyugal: se enteró de que el compañero de trabajo con quien mejor se llevaba mantenía relaciones con su esposa. En general, la infidelidad de los hombres es impulsada por sus genitales, la de las mujeres por su corazón, ya sea en su modalidad de amor, desamor o venganza. Muchas infidelidades de los hombres no tienen una historia sino sólo una circunstancia, es difícil encontrar una infidelidad de mujeres sin una narrativa.  De ahí que en el caso de Kino, que su esposa haya terminado en un romance con el que podría denominarse su mejor amigo, no es una historia extraordinaria. En primer lugar porque gran parte de nuestras amistades constituyen fragmentos compensatorios de nuestra personalidad y en ocasiones esas compensaciones resultan ser más interesantes que nosotros mismos.  Ante eso, lo único que queda decir es: “te quedas con la mejor parte de lo que no soy”.
·  Lo que quiero decir es que M era la chica de quien debí enamorarme cuando tenía catorce años. Pero en realidad fue mucho más tarde cuando me enamoré de ella y, para entonces, ella (por desgracia) ya no tenía catorce años.  Nos equivocamos en el momento de conocernos. Como quien confunde el día de una cita. La hora y el lugar eran correctos. Pero no la fecha.  Esta cita es maravillosa, profunda y, a mi parecer, cierta. Mi muy admirado Peter Blos, ese gran psicoanalista que logró entender la adolescencia con tal claridad que tras cinco décadas de la publicación  de su obra monumental Psicoanálisis de la adolescencia, buena parte de sus postulados siguen siendo vigentes, en particular su propuesta de etapas de la adolescencia. El buen Blos, planteó en aquel clásico que la adolescencia media, que podría circunscribirse al periodo entre los 15 y 18 años, es la única edad en la que realmente experimentamos el enamoramiento. Coincido con él, tras esa etapa vamos siempre tras la repetición de esa enajenación romántica con poco éxito y altas posibilidades de ridículo y frustración. Para sintonizarme, en estos momentos elijo de mi musiteca la canción “She’s a rainbow” de The Rolling Stones, cada vez que la escucho pienso “cómo me gustaría dedicarle a alguien esta canción”, pero de forma inmediata me parece completamente ridículo y siento profundamente no haberla escuchado durante mi adolescencia para poderla dedicar sin reparos. Murakami propone los catorce años, quizá siguiendo el cliché aristotélico de dividir la vida en periodos de siete años. En realidad la edad psicológica no necesariamente coincide con la cronológica, por lo que habría que hablar más bien de esa etapa con mucha hormona y poca conciencia del ser en el mundo.


Aún con el toque dramático que le da Murakami al tema, pues en cuestiones de amor él es de la vieja escuela, creo que esta temática nos aporta a los hombres un motivo de reflexión de primer orden. Desde los brazos maternos, pasamos de brazos en brazos de mujeres que nos “cuidan” y “regulan” nuestra dicotomía intelecto-emocional. Mi pregunta es ¿para qué? Si vamos a vincularnos hagámoslo desde otro lugar, de otra manera tan sólo reproduciremos ad absurdum una coreografía relacional que nos despoja imperceptible pero  continuamente de nuestro ser y nuestro tiempo. Mi enhorabuena a quienes deseen hacer de su vida una oda a la separación-individuación. Mi respeto a quienes perciban su vida como el gran bloque de mármol al que hay que dar forma día con día y del que nunca se conoce su resultado final.

martes, 24 de febrero de 2015

La Mini-agenda de mi hijo y el encanto de lo cotidiano


 No hay mejor momento para ir al supermercado que el domingo muy temprano, la poca afluencia de clientes permite hacer las compras pausadamente rápido, da tiempo de buscar en un corto lapso de tiempo. Si voy con mi hijo este horario duplica su pertinencia, la incontable oferta le lleva a un despliegue de curiosidad y posibilidades lúdicas que me obliga a estar en dos focos de atención de manera simultánea, además le gusta ir parado frente a mí sobre el tubo trasero del carrito, pareciera que estamos en camino de una gran faena, padre e hijo en busca de la marca perdida. Con más visitantes esta misma actividad se convierte en un evento arduo, el tráfico de carritos, las personas que se quedan meditando largos minutos frente a un estante como esperando una revelación divina, los que van en grupo y como marchistas cierran los pasillos, por si algo faltara se suma la persona de limpieza haciendo su recorrido con la máquina pulidora y al final la larga fila en la caja, en la que se cumple el objetivo de los diseñadores de espacios de los supermercados al llenar de dulces y objetos atractivos para niños el área de cajas, de tal manera que cuando nos llega el turno de colocar las cosas en la banda, ya se agregaron varios productos que no había contemplado, pero que tampoco puedo negar a mi hijo como reconocimiento a su paciencia. En conclusión, es más rápido, menos estresante y más económico hacer las compras el domingo por la mañana.
 La visita dominical al supermercado inspiró el segundo punto que mi hijo colocó en esto que él denominó el fin de semana que acaba de concluir, su “Mini-agenda”, el primer punto creo que no deja lugar a dudas, bañarse. Los puntos finales los fue completando al retorno de nuestras compras. Tenía que guardar las cosas y lavar cubiertos, vasos y vajilla; él con algo de impaciencia escribió en su programación: “esperar a papá”, primero estuvo paseando alrededor, luego se paró cerca de mí con la intención de ayudar, pero tengo la costumbre de lavar con agua muy caliente por lo que le propuse acompañarme pero sin acercarse a la caída del agua, tras varios minutos optó por recurrir a su “Mini-agenda” y apuntar: “sentarse”, lo cual cumplió con gran rigor. Cuando salí de la cocina lo encontré sentado en una silla del comedor muy derechito y rostro inmaculado, eso sí, al verme perdió toda su compostura y me dijo: “¿Ya?”, le respondí afirmativamente.
 Conforme lo veo crecer siento que estos instantes se desvanecen de  manera inevitable, cuando lo observé en la silla tan sosegado lo imaginé en unos años en plena adolescencia no sentado en una silla, sino echado en un sillón imperturbable ante mi presencia, pero si preguntando: “¿Ya?”; pero en otro tono, ya no como manifestando su reproche-agrado por la conclusión de mis labores, sino en tono de “¿Ya vienes a molestar?”. Es un hecho que los puntos de encuentro serán otros, en definitiva el supermercado no será uno de ellos.
Pero esa añoranza pasa pronto, desde que nació hemos podido crear nuestras propias coreografías relacionales y siempre he sentido que el momento que estamos viviendo en el presente es el mejor.
El mismo domingo en la noche, mientras él veía con grandes carcajadas su colección de videos de Bob Esponja, yo estaba a su lado escribiendo y escuchando una y otra vez la canción de Yellow  del grupo Coldplay   que la película Boyhood me trajo del pasado. Pero esa noche la primera frase me resonó con gran fuerza: “Mira las estrellas. Mira como brillan por ti y todo lo que haces”. Sólo que la descontextualicé del contenido total de la canción para dedicársela a él, quien hace que cada momento tenga un brillo intenso, así que escribí también una “Mini-agenda”:

   Ver con él Bob Esponja, para reír juntos.
   Recordarle que las estrellas brillan por él y todo lo que hace.
   Abrazarlo antes de dormir.
   Dormir.

    La “Mini-agenda” elaborada por mi hijo me hace pensar que cada día podríamos disfrutar de un encanto similar, al margen de la agenda laboral abrir un apartado denominado “Mini-agenda”, que correspondería a una programación introspectiva y afectiva de nuestra jornada.
      La universidad donde doy clases tiene unos jardines espléndidos, cada mañana me doy el tiempo no sólo para observarlos sino para olerlos y sentir ese maravilloso frío que corre entre sus árboles,  saludo a las personas encargadas de la jardinería y de limpieza y hago una visita casi litúrgica a la biblioteca donde saludo al buen Juan Manuel, el bibliotecario del turno matutino que todos los días me recibe con una sonrisa y una frase amable. Leo o trabajo un rato antes de iniciar las clases. Previo a esto, varios días de la semana llevo a mi hijo a la escuela, escuchamos de camino a Toño Esquinca y su propuesta musical, que no es mi mayor placer, pero a él le gusta. Antes de llegar a la escuela nos estacionamos un momento para platicar y seguir un ritual lúdico de ponerle en la cara bloqueador solar. Ya en la universidad, camino al aula o al salir de ellas disfruto de una breve plática con alguna o algún colega o docente de otra área, también charlo con las personas encargadas del préstamo de equipo y salas de video. Al llegar al consultorio saludo al vigilante del edificio y preparo un aromático café de grano colombiano que me acompaña a mí y a los padres de mis pacientes niños y adolescentes, durante la tarde. En fin, el día está construido por una sucesión de instantes que en conjunto conforman mi      “Mini-agenda” y sin los cuales la rutina podría engullirme. 
     Aunque suelo estar ocupado, he procurado hacerlo a un ritmo slow life, esto es darle su tiempo a cada etapa del día y a cada actividad, por ejemplo, considero un momento especial el tiempo de la comida, me gusta prepararme mis propios alimentos mientras escucho documentales de youtube y comer viendo series de Netflix en mi computadora, en este momento estoy en la segunda temporada de Breaking Bad. En muchas ocasiones para esto cuento sólo con una hora, pero hace la diferencia en la conexión entre la jornada de la mañana-mediodía y la tarde-noche.
     Aún así hay días difíciles, pero lo que les da el sentido al final, es la “Mini-agenda”, escribir mensajes a personas significativas y dedicar un buen tiempo a la lectura antes de dormir. El encanto de lo cotidiano está en la “Mini-agenda”, en la programada y en la espontánea, al concluir cada jornada en el consultorio hago un recuento de las sesiones, tomo nota de los aspectos más significativos y hago un ejercicio crítico de mis intervenciones. Considero importante, dentro de lo posible,  no aplazar la elaboración de los aconteceres clínicos.
       El encanto de lo cotidiano es hacer de un acto aparentemente irrelevante, como la “Mini-agenda”, un motivo para una reflexión existencial. Gracias totales, como decía el gran Gustavo Cerati, al niño que inspiró este escrito. 

miércoles, 18 de febrero de 2015

La triste crónica de un recolector de luciérnagas

Se cuenta que cada noche despertaba inquieto, olía su piel, siempre olía su piel, mientras más añeja la respiraba, menos sonreía, no deseaba producir alegrías que nadie guardaría. Sólo un motivo lo inspiraba, salir a su jardín a capturar luciérnagas, con cada luz recolectada sentía de vuelta los días plenos de sentido.  La muerte lo acechaba de cerca, lo hacía tropezar para recordarle lo absurdo de sus  andanzas nocturnas. Él lo sabía, pero aún así sus luciérnagas le traían sosiego, eran su única esperanza de que morir no sería una tiniebla perpetua, le acompañarían e iluminarían hasta llegar a la danza fría del universo, donde  bailaría al unísono con el Todo. ¿Qué es la vida sino una sucesión de lucecitas desafiando a la obscuridad? Así pensaba, aferrándose más a su lámpara de luciérnagas. Una noche sobre el jardín no voló ningún destello, supo que todo había terminado. Tomó su farol y caminó hacia el infinito, nadie lo esperaba, las luciérnagas se apagaban una a una, antes de arribar al abismo lo envolvió la penumbra, en ese instante entendió lo inútil de recolectar luciérnagas, si las hubiera sólo contemplado ahora no las añoraría. Pero ya era tarde y él caía.


lunes, 9 de febrero de 2015

En el bosque: la nueva narrativa post-familiar de Disney

Lo confieso, Disney me ha sorprendido, jamás pensé ver en una de sus películas al personaje de una mujer casada con un bebé de brazos siéndole infiel a su esposo. Es un hecho, aunque con varias décadas de retraso, la era  post-estructuralista llegó a Disney, la película Into the Woods (En el bosque) le saca la vuelta al final feliz y al calor de hogar para proponernos un mundo constituido por filias extra-familiares. Un panadero (el cornudo) que hereda la maldición de la infertilidad por los actos vandálicos de su padre; Jack, el niño golpeado e insultado cotidianamente por su madre; Cenicienta, maltratada y esclavizada por su madrastra y sus hermanastras, y si algo faltara, en cuanto cree haber encontrado a su príncipe azul, éste le es infiel antes de la boda; Caperucita, enviada a cada momento por su madre a un bosque donde puede ser atacada por el lobo (traducción: violada, robada y asesinada), con el argumento de visitar a la abuela; Rapunzel, secuestrada en una torre por una madre apanicada por la vejez y la soledad.  Todos unidos por el misterio de la vida y la naturaleza representado por el bosque, que no respeta las reglas arbitrarias de los grupos humanos.
La película nació de un musical, por lo que gran parte de la historia es cantada por los personajes, lo cual apacigua algo del intenso drama que los entrelaza. El eje es la reflexión sobre los deseos, que rompe con la monomanía que arrastramos desde hace ya varios años en que inició el imperio de las Leyes de la Atracción, “desea y se te cumplirá”, de la mano de “pensadores” al estilo Paulo Coelho, que aún con las terribles evidencias cotidianas, tienen el cinismo de anunciar que el universo conspira para cumplir nuestros deseos. En el filme, nos proponen detenernos a pensar en los inciertos destinos que pueden tener nuestros deseos y también los deseos de quienes nos rodean, lo cuales suelen acompañarse de una coartada: la esposa del panadero desea un hijo pero idealmente de un príncipe; la madre de Jack quiere que su hijo le resuelva sus asuntos económicos y le culpa de sus frustraciones; el padre de Cenicienta no la consideró en sus elecciones tras su viudez y la madrastra y las hermanas la requieren en bajo perfil para apoderarse de lo que por derecho le toca; la madre celosa de la edad en flor de Caperucita, la avienta a las garras del lobo y al mismo tiempo, se deshace de su propia madre; la madre de Rapunzel, que no es la biológica porque se la robó a los padres del panadero, es una bruja (literalmente) que pretende recuperar la juventud y la compañía negándole la vida a la hija. ¿De quién se cumplirán los deseos Sr. Coelho?, ¿A favor de quién conspirará el universo?, ¿Del panadero o de su esposa?, ¿De Jack o de su madre?, ¿De Cenicienta o de su madrastra?, ¿De Caperucita o de su madre?, ¿De Rapunzel o de la bruja? Finalmente, ¿por qué culpar al universo de nuestras insignificantes decisiones? Propongo moderación.
De manera insólita, Disney nos plantea que no todos los finales son felices, lo cual ya sabíamos, pero no por ello deja de sorprender. También nos muestra que los golpes más fuertes pueden provenir de nuestras propias familias, lo cual también ya sabíamos, más escenificado en el mundo Disney cobra una intensidad mayor, es la prueba de que no hay salida. Se agrega que a los humanos nos unen más nuestros traumas que nuestras glorias, el amor es importante pero no es tan efectivo como el dolor, la naturaleza nos hace y la psicopatología nos junta. Conclusión, el amor más fuerte es el que abreva del dolor.
Así, Disney nos lleva a una última disertación, la cual es inquietante y maravillosa: cuida la historia que le cuentas a tus hijos. Lo que digas, lo que actúes, lo que creas, lo que combatas, lo que omitas… dejará marcas en la vida de tus hijos. Cotidianamente, impregnados en nuestros dramas personales, lanzamos sobre nuestros hijos los fantasmas que nos acosan, vociferamos palabras sin filtrarlas, actuamos bajo la premisa de que estamos al mando, les imponemos nuestras creencias sin dejarles argumentar su perspectiva, los incluimos en batallas que no son las suyas, cometemos negligencias sin restricciones. Para vivir en el bosque hay que aprender a vivir en él, coexistir con la naturaleza, con la vida y la muerte, con la salud y la enfermedad, con la certeza y el misterio, con el sobresalto y el miedo.  Nada es seguro, la vida es una sucesión de eventos emergentes, tus deseos se cruzan con los deseos de los otros, nadie está libre de coartadas. La mejor enseñanza a los hijos es el impulso al aprendizaje permanente, aprender de cada circunstancia para encontrar rutas de resolución, sólo de esa manera sobrevivirán… En el bosque.



domingo, 1 de febrero de 2015

50 sombras de Grey: Un cuento de hadas sadomasoquista

Premisas:
1. No he leído “50 sombras de Grey”.
2. No leeré “50 sombras de Grey”.
3. No es necesario leer “50 sombras de Grey” para escribir sobre “50 sombras de Grey”.
4. Basta leer una síntesis de una cuartilla sobre los tres libros de la saga para saber de qué trata la historia y confirmar el punto 2 de estas premisas.


Hace exactamente 10 años se publicó el libro de Crepúsculo de Stephenie Meyer, el primero de una serie de cuatro. La saga atrapó las fantasías de las adolescentes milennials, les permitió soñar el sueño imposible, vivir eternamente siendo adolescentes a lado de un vampiro guapo y millonario, claro, con la oportunidad de entrar de vez en cuando a la friendzone de la mano del mejor amigo, un lobo que al final se convertirá en yerno. Aunque el vampiro (Edward Cullen) rompía camas al tener sexo, la autora se cuidó mucho de no ofrecer detalles de las prácticas sexuales entre los protagonistas, estaba dirigido principalmente a menores de edad y aunque no parezca, todavía hay valores. Siete años después otra autora se encargó de agregar estos detalles, sólo que ahora el mejor macho de la especie es un vampiro, pero no devorador de sangre, sino un vampiro sexual,  el insaciable Christian Grey que sin ninguna razón aparente, como le sucedió a Cullen con la Bella de Crepúsculo, se engancha con la inocente y virgen Anastasia Steele (también como Bella, sin virginidad no hay mito).

¿Cómo se percibe a sí misma Anastasia Steele?: Como una joven pálida, de pelo castaño con ojos azules demasiado grandes para su cara.

¿Cómo la percibe Christian Grey?: Como hermosa, muy atractiva y seductora.

¡Eso es todo mi Grey! Todo está en el lenguaje y Grey sabe como elevar la baja autoestima al nivel de seducción. Al igual que Edward Cullen, Grey es joven, guapo y millonario. También como él, tiene un secreto, el vampiro muerde los cuellos para alimentarse, el sadomasoquista lo hace para causar dolor. Pero los dos pretenden transformar a su presa a su propia condición y naturaleza. Si creen que estas similitudes son producto de la casualidad, no es así. E.L. James, la autora de las 50 sombras fue una ardiente lectora de la saga de Crepúsculo y empezó a escribir su primera novela a partir de un fanfiction de los libros de Meyer, por tanto son una especie de continuación para mayores de edad, la versión porno de Crepúsculo.
Aclarado el punto de las similitudes, me concentraré en las novelas de James. Según mis fuentes, Anastasia Steele afirma: “El único hombre que me ha atraído, y llega con un maldito contrato, un látigo y un sin fin de puntos y cláusulas”. Un maravilloso gancho narrativo, el recurso a clichés como: “me enamoro de puro patán”, “reciclo basura”, “soy como el río Sonora, me llega puro desecho tóxico”, “no tengo historia amorosa sino antecedentes penales”… En fin, un cliché pero bañado en oro, pues aún en el amor hay niveles, para ser sadomasoquista hay  que tener recursos: “Pégame pero págame”. Si esto no fuera suficiente, James recurre a más recursos de la mitología sexual, Grey tiene un pene con un tamaño por encima del promedio y Anastasia es vertiginosamente multiorgásmica, sus orgasmos podrían alimentar de energía a una ciudad. Así que nuestros protagonistas embonan como piezas de Lego, de una manera impecable, sin dejar espacios vacíos.
No podía faltar la mejor amiga, la cual tiene el papel del coro de las tragedias griegas clásicas, es quien canta las glorias y la decadencia de la protagonista, la que la impulsa a la transgresión y le advierte de los riegos. En este caso se llama Kate Kavanagh. Viven juntas y son universitarias, la mayor aspiración milennial, ser libre e “independiente” en la mejor etapa de la vida. Gracias a ella conoce a Grey, pues le cede una entrevista con el adinerado empresario. Se conocen y aquí emana otro cliché, al menos de la literatura anglosajona, ofrecer una referencia exótica, clásica y erudita, Grey le hace llegar a Ana (diminutivo de Anastasia) la obra de Thomas Hardy, Tess, la de los d’Uberville. Pero hay que conservar la calma, esta obra no es tan inaccesible, Roman Polanski la llevó al cine en 1979 con la maravillosa actuación de Natassja Kinski. Aún así, no dejemos pasar el dato, el núcleo de esta historia es el supuesto derecho a un alto estatus social a partir de un vínculo familiar aristocrático. Aquí surge la gran pregunta: ¿qué serías capaz de soportar a cambio del ascenso social rápido? La respuesta estándar en la actualidad es muy simple: TODO.  Por tanto soportar los embates sadomasoquistas de un perverso no es problema, siempre y cuando cumpla sus promesas. Cenicienta  acepta los golpes, sí y solo sí, el príncipe obsequia el estatus. Hagamos algo de memoria, ¿con quién se queda Bella la de Crepúsculo?, ¿con el vampiro eterno, millonario y global? ó ¿con el lobo mortal, pobre y local?
En cuanto al tema de la fascinación que despierta el sadomasoquismo en la actualidad, escribí un texto hace varios años en referencia a la novela 1984  de Haruki Murakami. Lo interesante es que la historia se repite puesto que el atractivo del sadomasoquismo es viable siempre y cuando el rol de sumisión lo represente una mujer. De ahí deriva la mayor vertiente de críticas al éxito de 50 sombras de Grey, resulta inquietante como tras las grandes batallas por el logro de la equidad entre mujeres y hombres, se hace viral una historia donde el tema nodal es el sometimiento de una mujer a un hombre y no sólo eso, sino que al final de la trilogía se termina casando y teniendo hijos con él. Esto es nuevamente un cliché del imaginario colectivo contemporáneo: noviazgo perverso, matrimonio perfecto. Cómo diría la vox populi: ¿Somos o no somos? Resulta que al final el peligroso sadomasoquista se conforma con dar unas nalgaditas a su esposa y se convierte en un padre ejemplar. Esto es otro cliché romántico: “el matrimonio lo cura todo: perversión, alcoholismo, drogadicción, psicopatía, pereza, etcétera; es como la pastilla del día siguiente pero de la personalidad”.
En realidad todo esto no tendría ninguna relevancia si se circunscribiera al terreno de la fantasía, a la ficción. Pero no es el caso, en una era tan carente de recursos simbólicos, las personas se aferran a cualquier tabla salvadora, por lo que muchas mujeres adolescentes, jóvenes y maduras alrededor del mundo han hecho de 50 sombras de Grey, su manual de supervivencia. Un gran número de lectoras le agradecen a E.L. James ser el hada que mejoró su vida sexual, sin embargo, muchas otras han hecho de sus días un sendero de frustración porque a pesar de sus esfuerzos perversos, no les llega un Grey. A su vez muchos hombres también son víctimas de James, a diario suben las estadísticas de eyaculación precoz e impotencia entre hombres heterosexuales de entre 25 y 40 años por efecto de la ansiedad de desempeño, se sienten apabullados por las pretensiones “Rápidas y Furiosas” de sus parejas.
En breve se estrenará la versión cinematográfica de esta saga, en México hay pre-venta para el estreno desde  hace varios meses, la ansiedad alrededor de este evento da la impresión de que se fuera a develar un gran secreto, aquel que abrirá la puerta de retorno al paraíso terrenal, al punto de partida de la transgresión. Lo cierto que es que la película será como una bebida preparada con svetia, dulce pero libre de calorías, de otra manera no podría ser tan comercial. El cine guarda en sus acervos grandes clásicos del sadomasoquismo, cualquiera de ellos haría que la gran mayoría de las lectoras de 50 sombras de Grey se saliera ruborizada y escandalizada de la salas cinematográficas. Como diría un buen amigo: “Hay quienes ven películas porno esperando que al final haya boda”.