martes, 25 de marzo de 2014

Sigmund Freud, Universitario

                          SUCINTO HOMENAJE POR EL 150 ANIVERSARIO DE SU NACIMIENTO
                           Publicado en el número 1 de la revista "Palco Caústico"en abril de 2006


     Los pasos en el corredor delatan la pronta llegada de un estudiante, Fausto intercambia sus ropas con Mefistófeles y sale de su gabinete de estudio. Frente a la diabólica presencia el discípulo no ve a otro que al Dr. Fausto a quien expone su demanda: “Yo desearía hacerme todo un sabio, aprender cuanto haya de aprender en la tierra y en el cielo, la ciencia y la Naturaleza” (Goethe, 1831/2003, p.382). La ambiciosa petición es fuente de un delicioso diálogo en el cual Mefistófeles orienta al estudiante en la estructura de sus estudios y cuando parece que le ha otorgado un plan completo concluye con una frase que haría tambalear a cualquier neo-universitario:  “Vano será que os afanéis científicamente buscando acá y allá, pues nadie aprende sino aquello que puede aprender” (p. 383).
      Tan enfático enunciado pareciera emanado de un diálogo en un consultorio psicoanalítico, en el que el analista-Mefistóteles interviniera para señalar la condición humana de incompletud, su imposibilidad de expandirse a la totalidad. El discípulo añora ser todos los hombres, Mefistófeles afirma busca por donde desees, al final de tu efímero o prolongado camino descubrirás lo que ya sabías, solo puedes ser lo que eres.
     Cual personaje surgido del Fausto, el joven Freud no lograba acotar su pasión, era movido por “una suerte de apetito de saber” (Freud, 1925/1992, p.8) que ningún programa universitario podía satisfacer. En un primer momento creyó que el estudio de las leyes lo saciaría, más su vocación por la sospecha le esclareció que dicha decisión se sostenía en un puente imaginario con su amigo Heinrich Braun (Gay, 1990), compañero de escuela que con el tiempo llegó a ser un prominente político. Inquieto de lado a lado, Freud encontró la obra de Darwin, la cual le clavó una espina que permaneció encarnada en su deseo impidiéndole alcanzar el sosiego. Al parecer la última estocada fue dada por el profesor Carl Brühl en una conferencia en la que leyó un ensayo Sobre la Naturaleza, atribuido a Goethe[1].
      No había vuelta para atrás y el primero de mayo de 1873 le escribe a su amigo Emil Fluss: “He decidido convertirme en científico natural” (Gay, 1990, p.48). Sin embargo, su vacilación continúa y el dieciséis de junio le escribe al mismo interlocutor:
En cuanto a mis preocupaciones por el futuro, usted las toma demasiado a la ligera: me dice que quien teme a la mediocridad más que a ninguna otra cosa, ya está a salvo de ella. Pregunto ¿a salvo de qué? Seguramente, no a salvo de la mediocridad. Grandes espíritus han dudado de sí mismos ¿acaso se deduce entonces que cualquiera que duda de sus capacidades sea una gran inteligencia? […] Lo maravilloso del universo descansa en su multiplicidad de posibilidades; desgraciadamente no es una base sólida para el conocimiento de nosotros mismos (Mannoni, 1997, p. 23).

     Estas líneas escritas por Freud a los diecisiete años, lo acercan más a Mefistófeles que al discípulo, en la epístola da cuenta de la ansiedad del aspirante a universitario al cual le dicen  “estudia lo que quieras”, las posibilidades son múltiples, pero la multiplicidad es en ocasiones causa de extravío.
      A pesar de sus sospechas, Freud se inscribe a la Facultad de Medicina de la Universidad de Viena en otoño de 1873 y le bastaron los primeros años de estudios universitarios para descubrir que “la peculiaridad y estrechez de mis dotes me denegaban cualquier éxito en muchas de las disciplinas científicas sobre las que me había precipitado en mi ardor juvenil” (Freud, 1925/1992, p. 9). De esta manera se le desentraña la sabiduría implícita en la enunciación de Mefistófeles, la cual cité directamente de una edición del Fausto y ahora retomo de la traducción que Etcheverry hace de la Presentación autobiográfica de Freud: “En vano rondará usted de ciencia en ciencia, cada quien sólo aprende lo que puede aprender” (Goethe, Fausto, parte I, escena 4 citado en Freud, 1925/1992, p. 9).
      Con la premisa de Mefistófeles, Freud va tras las huellas de los maestros que parece pueden tener el saber que el puede aprender. Entre 1874 y 1875 asistió a las conferencias impartidas por Franz Brentano que también contaron con la presencia de Husserl. Brentano fue un filósofo que rechazó el idealismo alemán, proponiendo la obra de Aristóteles como una alternativa, así como una psicología empírica. Aunque no hay testimonios que permitan afirmar la influencia de Brentano en Freud, al parecer, “serían las ideas de Aristóteles contenidas en De anima” (Castro, 2006, p.33) las que incidieron más en el novel estudiante. El impacto del pensamiento de Brentano se ve reflejado en una carta escrita por Freud a su amigo Eduard Silbernstein “Ya no soy un materialista, pero tampoco todavía un teísta” (Gay, 1990, p. 55). Esta confusión puede tener su origen en la convicción de Brentano por la existencia de Dios simultánea a su respeto por la obra de Darwin.
       A partir del cuarto semestre de la carrera, esto es, en verano de 1875, Freud optó por procurarse una programa de estudios más personalizado, esto llevó a que concluyera sus estudios en ocho años cuando el programa contemplaba que se cursara en cinco.
      En marzo de 1876 Freud viaja a la Estación Zoológica Experimental de Trieste, fundada por Carl Craus, Jefe del Instituto de Anatomía Comparada. Esta  excursión científica a las costas del mar Adriático fue su primer contacto directo  con el mundo mediterráneo que tanto lo fascinaría a través de su vida. Su línea de investigación durante su residencia en la Estación Zoológica se relacionó con un problema que “desconcertaba a los hombres de ciencia desde los días de Aristóteles” (Jones, 1996, p. 49), la estructura gonádica de las anguilas. Producto de esta investigación fue su primera publicación científica Observaciones sobre la morfología y estructura fina de los órganos lobulados de la anguila, descritos como testículos (referida en Freud, 1897/1991, p.223), la cual apareció publicada en el número de abril de 1877 del Boletín de la Academia de Ciencias. El contenido de ese texto demuestra que desde esas fechas Freud “trabajaba en la elaboración de una teoría del funcionamiento específico de las células nerviosas” (Roudinesco y Plon, 1998, p. 376), siendo así un antecedente de su Proyecto de Psicología (1895).
      Tras la experiencia en Trieste, Freud halló “sosiego y satisfacción plena” (Freud, 1925/1992, p. 9) en el laboratorio de fisiología de Ernst Brücke. Este fisiólogo, cuarenta años mayor que Freud, solía ser reservado en el trato, minucioso en la investigación y exigente en la dirección de su área de responsabilidad. Freud se formó así en el positivismo riguroso, le fueron transmitidos conocimientos por vía de un maestro que previamente a establecerse en Viena formó “escuela” con Helmholtz y Du Bois-Reymond. Estos investigadores sostenían que solamente las fuerzas “fisicoquímicas comunes” están “activas en el organismo” agregando que los fenómenos inexplicables debían abordarse exclusivamente con el “método  fisicomatemático” (Gay, 1990).
Durante su colaboración en el laboratorio de fisiología Freud escribió los siguientes trabajos científicos: Sobre el origen de las raíces nerviosas posteriores en la médula espinal de abocetes (Petromyzon planeri)(1877); Sobre los ganglios raquídeos y la médula espinal del Petromyzon (1878); Noticia sobre un método para preparaciones anatómicas del sistema nervioso(1879); Sobre la estructura de las fibras y de las células nerviosas del cangrejo de río (1882) (trabajos referidos en Freud, 1897/1991, pp.223-225). En su trabajo realizado en 1878 estuvo cerca de revelar la existencia de la neurona, sin embargo, las discontinuas circunstancias vitales de Freud llevaron a que hoy se atribuya dicho hallazgo a Waldeyer, quien denominó a la neurona en 1891.
      En 1882 la mala posición económica de Freud lo obligó a dejar el laboratorio, pero continuó publicando artículos de neurología hasta 1897, lo que significa que durante veinte años Freud concedió especial interés  a la investigación neurológica. En cuanto a la marca científica y afectiva  que Brücke dejó en Freud existe un dato palmario, poco tiempo después de la muerte del fisiólogo, nació  el cuarto hijo de Freud, el cual recibió el nombre del maestro: Ernst Freud.
En el verano u otoño de 1879, Freud recibió el llamado a prestar su año de servicio militar obligatorio. Respecto a esta experiencia Ernest Jones (1996) refiere lo siguiente:
En aquella época esto era bastante menos riguroso que ahora. Los estudiantes de medicina continuaban viviendo en su domicilio, y no tenían ninguna obligación salvo estar cerca de los hospitales. La dificultad residía en el terrible aburrimiento… El día en que cumplió veinticuatro años lo pasó Freud bajo arresto (mayo 6 de 1880), por haber estado ausente sin licencia. Cinco años más tarde tuvo interés en almorzar con el General Podratzky, que lo había hecho arrestar, y a quien no guardaba rencor, pues admitía haber faltado sucesivamente a ocho visitas (p. 66).

El aburrimiento motivó a Freud a realizar la traducción de cuatro ensayos de las Obras Completas de John Stuart Mill, tarea que lo mantuvo ocupado, además de gratificarlo económicamente. Esta actividad agregó al inventario de conocimientos, habilidades y actitudes de Freud, la de traductor profesional.
Concluido su servicio militar, Freud regresó a sus actividades académicas y de investigación. El treinta de marzo de 1881, aprobó el último de los exámenes necesarios para obtener su título. Jones (1996) nos ofrece una sucinta imagen de lo que fue la graduación de Sigmund Freud: “Tuvo lugar  en la hermosa aula del edificio barroco de la vieja Universidad. Estuvo presente la familia Freud, así como Richard Fluss con sus padres, los viejos amigos de su primera infancia, allá en Freiberg, Moravia” (p. 68).

Al pasar de los años, Freud aseverará lo siguiente con respecto a su quehacer como médico:
Después de cuarenta y un años de actividad médica, mi autoconocimiento me dice que yo no he sido nunca un médico en el verdadero sentido de la palabra. Me he hecho médico al verme obligado a desviarme de mi propósito original, y el éxito de mi vida consiste en el hecho de que, luego de una larga jornada que representó un rodeo, he vuelto a encontrar el camino que me recondujo a mi senda primera (Jones, 1996, p. 39).

     Las líneas precedentes dan cuenta de que Freud aprendió  “a discernir la verdad de la admonición de Mefistófeles” (Freud, 1925/1992, p. 9). Freud fue universitario y padeció las ansiedades propias de este periodo de formación, sin embargo, muy tempranamente percibió con claridad que no hay ningún programa curricular que satisfaga  el hambre de conocimiento de un sujeto, que el deseo por saber es un más allá de la universidad. Al no encontrar un saber que saciara su apetito epistémico Freud inventa el psicoanálisis y nos lega un tesoro simbólico el cual prevalecerá mientras sacie la apetencia de espíritus famélicos de conocimiento.
      Los pasos de Freud como estudiante ilustran lo que ha sido una constante en la vida de varios de los autores, artistas y científicos de la historia moderna;  esto es, que la formación universitaria es un medio y no un fin. Quien no discierna esto, muy posiblemente se extraviará en el deseo de otros, sean estos maestros, padres, instituciones, sociedad, mercado, etcétera. Revisar la vida de Freud no es un tampoco un fin en sí mismo, es un medio para encontrar aquello que puedo aprender de un autor cuya obra sigue inspirando el correr de abundantes ríos de tinta resistiendo los embates aniquiladores de la hipermodernidad.
     El 6 de mayo de este 2006, celebraremos los 150 años del nacimiento de Sigmund Freud, ausencia causa de deseo.


Referencias
Castro, R. (2006). Viajes de Legitimación. Freud y las ideas filosóficas en Viena
1880-1900. México: Espectros del Psicoanálisis.

Freud, S. (1897/1991).Sumario de los trabajos científicos del docente adscrito
Dr. Sigm. Freud, 1877-1897. Obras Completas (Vol.3)  (2ª. reimp.)
(pp. 219-250). Argentina: Amorrortu.

Freud, S. (1925/1992). Presentación autobiográfica. Obras Completas (Vol.20) 
(3ª. reimp.) (pp. 1-70). Argentina: Amorrortu.

Gay, P. (1990). Freud. Una vida de nuestro tiempo (2ª ed.). España: Paidós.

Goethe, J.W. (1831/2003). Fausto. Obras Completas (Vol. 1) (pp. 313-540).
España: Santillana.

Jones, E. (1996). Vida y obra de Sigmund Freud (Vol. 1). (4ª ed.)
Argentina: Lumen.

Mannoni, O. (1997). Freud. El descubrimiento del inconsciente (7ª ed.).
            Argentina: Nueva Visión.

Roudinesco, E. & Plon, M. (1998). Diccionario de Psicoanálisis. Argentina: Paidós.



[1] Cito la nota de Strachey (en Freud, 1925/1992, p. 8, nota 7): “Según Pestalozzi (1956), el verdadero autor del ensayo (escrito en 1780) fue el suizo G.C. Tobler; Goethe lo leyó medio siglo después y, por una paramnesia, lo incluyó entre sus propias obras”.

miércoles, 19 de marzo de 2014

Las novias que no tuve

Grande es mi secreto,
tejer los silencios de nuestra historia,
esa que no te cuentas,
pero escriben mis ojos en tu reflejo.

Tenerte sin que seas mía,
trazar con mis lágrimas siluetas a las sombras,
borrarlas al anochecer,
intentar eludirte,
pues en cuanto escapas del recuerdo te atrapa un sueño.  

Eres todas, no eres ninguna,
el tuyo es un retrato inconcluso,
luz vacilante del eterno femenino,
amante prófuga de mis anhelos. 

Juan Pablo Brand, Grande es mi secreto


Delimitación conceptual
Novia que no tuve: Dícese de la dama con quien tuve intención pero no hubo ocasión.

Me encontró la canción Dreams de The Cranberries, la voz de Dolores O’Riordan apareció como el fantasma de las navidades pasadas de Scrooge, llevándome de la mano hasta  una ventana tras la cual me observé en una casa de Coyoacán jugando en un sillón 4 en línea con una hermosa adolescente un año menor que yo, quien me pregunta después de haberme ganado: ¿No te diste cuenta? Lo cierto es que no, aproveché todos sus momentos de concentración para mirarla, además de que ganarle era muy mala estrategia de seducción. Aún así, se sumó a la lista de las novias que no tuve, pues fuera del juego había cuatro en línea tras de ella.
Si la fantasía cotizara en bolsa, mi fotografía estaría en la revista Forbes. De ahí que me narrara historias de amor con mujeres que me gustaban, a muchas las he olvidado pero otras permanecen en mi recuerdo, como Rosa, aquella belleza a la cual fui a contemplar por más de un año a la salida de su colegio. En una ocasión tuve el arrebato de escribirle una carta e intentar entregársela, ella me miró con desdén mientras sus manos permanecieron inmóviles. Ahí mismo rompí la carta y aventé los trozos, busqué apoyo en mi manada de machos, les conté mi desventura. Ellos, empáticos con mi dolor, días después le gritaron al unísono por su nombre, difícilmente una mujer puede resistir el llamado de tantas voces masculinas, ni siquiera Rosa. Al voltear ella, mis amigos chiflaron con todo el poder de sus pulmones y doblaron sus brazos en una mentada de madre sinfónico-coreográfica (insulto del folclore mexicano que por su valor y eficacia debería ser nombrado patrimonio intangible de la humanidad).  Les agradecí su afán por vengar el desaire pero ese día anoté a Rosa en mi lista de las novias que no tuve.
De ese tiempo a la fecha la lista se ha engrosado, si cada novia que no tuve fuera una piedra, podría construir mi propio muro de los lamentos. He tenido serios errores de apreciación, se dice que el enamoramiento es una variante de la locura, habría que agregar que también de la estupidez.  Si en la balanza del amor se colocaran de un lado los actos de enajenación y del otro los de torpeza, los primeros quedarían notablemente en lo alto. Hay quienes levantan el rostro y sin ninguna reserva afirman: “No me arrepiento de nada”, les compadezco, una vida sin tropiezos inconfesables en el amor no merece ser llamada vida. Decía Lacan: “Amar es dar lo que no se tiene a quien no es”, no sin cierto rubor le doy la razón al psicoanalista francés, ¿cuántas cosas he hecho o regalado que rebasan mis recursos, por personas  que no existían? Esto es, al hacer el balance de mis inversiones basadas en idealizaciones, salgo en números rojos. La especulación es mala consejera en los terrenos del corazón.
Recuerdo a otra novia que no tuve, quien tras horas y horas invertidas al teléfono, una tarde me dijo: “No sé si sea mala noticia para ti pero ya tengo novio”. En cuestiones de tiempo no hay reembolso, comencé a calcular las horas-libro que había perdido y me dije que no volvería a sucederme algo así, pero aunque el espíritu esté presto, la carne es débil. Al poco tiempo ya estaba tras los pasos de otra dama.
Hay una cuyo recuerdo es como una taza de café al atardecer, la compañía perfecta. Con ella estuve a punto de falsear el dicho de que donde hubo fuego, cenizas quedan. Tras el intento de pretenderla, logramos una complicidad libre de coartada, alcanzamos esa magia que sólo pueden lograr una mujer y un hombre que optan por complementarse sin enamorarse. Es tan maravilloso que es imposible sostenerlo a través del tiempo, probablemente ese sea el encanto, en cuanto inicia comienza su final.
He compuesto seis canciones en mi vida, ninguna de ellas memorable. Una fue inspirada por una novia que no tuve, la primera estrofa sonaba así:

Sobre la arena deslizando una ilusión,
tu vista atrapa a las aves al flotar
y te estremeces al pensar,
que algún día alas tendrás

     Tenía diecisiete años y cuando interpretaba mi canción al piano generaba el efecto cucaracha, todos alrededor se esparcían o se ocultaban en el rincón más cercano. Recurrí al placebo de quien no logra popularidad con sus creaciones: “Canté para mí”. Solamente mi querido primo Gerardo encontró algún valor a mis canciones y en algún momento me grabó con un artefacto casero, años después las digitalizó, gracias a lo cual todavía conservo dos de ellas. Entre las que se encuentra la de Sobre la arena, dedicada a esa otra novia que no tuve.
     Recordar a las novias que no tuve es como entrar en una librería de viejo, donde encuentras tomos que en su momento tuvieron un lugar importante en la vida, pero al paso de los años se unieron a una colección empolvada y perdida en las capas geológicas de la memoria. Te acercas, miras algunos con indiferencia, te detienes frente a otros con nostalgia, abres los que particularmente remiten a un bello recuerdo, pero al final te vas sin llevarte ninguno. Parafraseando al maestro Cervantes Saavedra, varias de ellas se ubican en algún lugar de una mancha y de sus nombres no quiero acordarme, muchas han sido diluidas por el olvido y otras, muy pocas, habitan en mi Monte Helicón, musas que de tiempo en tiempo retornan para obsequiarme un motivo para escribir, sobre eso que no fue, pero aún así, viví con ellas. 

martes, 4 de marzo de 2014

Morir en un sueño


Un sueño me conmovió intensamente la otra noche, lo co-protagonicé con mi querido amigo Carlos R., de quien daré más detalles líneas abajo. Era una vuelta a los tiempos de la adolescencia, cuando ir de fiesta era un peregrinaje, un evento de primer orden al cual nos dirigíamos como un clan tras la búsqueda de su dios primigenio. En el sueño, había la noticia de una fiesta a la cual debíamos llegar en un tiempo breve, la propuesta de Carlos fue ir en motocicleta (aunque nunca le he visto manejar una), él como conductor y yo como acompañante. Arrancamos a gran velocidad por uno de los típicos Ejes (calle con numerosos carriles) de la Ciudad de México, al momento pensé: “No traemos casco”, pero todo indicaba que llegaríamos rápido y no sería necesario. En medio de mi pensamiento, me descubrí flotando lejos de la moto, en un instante se me reveló el suceso, habíamos chocado y los dos éramos lanzados como flechas al vacío. Caímos al pavimento y nuestros cuerpos se deslizaron a gran velocidad. Fueron segundos eternos en los cuales tenía la certeza que había perdido todo control sobre mis movimientos y mi devenir, lo más llamativo es que experimentaba una ansiedad muy ligera mientras pensaba: “Voy hacia a la muerte y no puedo hacer nada”. Veía delante de mí a Carlos, mientras intentaba girar sobre mi cuerpo, pues la ropa se había desgarrado de un lado y deseaba cambiar para evitar el desgarre de la siguiente capa que era mi piel. Visualizaba diferentes puntos de colisión en los cuales reventaría mi cabeza. Nuestra velocidad disminuyó hasta detenernos, seguíamos vivos aunque muy maltrechos, los brazos llagados y heridas en cada rincón. Se hilvanaron otros sucesos en el sueño tras los cuales desperté, revisé mi cuerpo detalladamente,  me sentí como Lázaro emergiendo del sepulcro. Sólo fue un sueño, pero inmediatamente supe que algo de mí acababa de morir.
¿Quién es Carlos R.? Mi primer amigo de la adolescencia. Desde mi lectura original del texto de Psicoanálisis de la adolescencia del gran Peter Blos, encontré a Carlos entre sus líneas, cuando el autor describe a ese mejor amigo de la adolescencia temprana, con el cual se crea una amalgama narcisista. Con él aprendí a fumar, juntos nos embriagamos por primera vez. Mientras yo me lancé a los arrebatos del amor, tejiendo historias rayanas en los dramas decimonónicos, él operaba con discreción y serenidad, era el amante sigiloso que  llegaba cuando todos nos habíamos ido. Compartimos viajes, amigos, todo tipo de celebraciones, confidencias y mucha música. Actualmente lo veo con poca frecuencia pero ocasionalmente lo convoco en mis remembranzas, como a todas esas mentes de mi generación, citando a Allen Ginsberg, en compañía de quienes robé el fuego a los dioses.
Con él iba a morir en mi sueño, quizá por eso no estaba angustiado, más bien me pesaba la tristeza, sentía que todo lo vivido eran solamente pródromos de la sincronía de nuestra extinción, nos conocimos con el fin de acompañarnos  en la muerte.
¿Qué murió esa noche? De eso no puedo hablar, tan sólo mascullar. Perdí la ingenuidad de lo cotidiano, cuando se roza la barca de Caronte,  aún en un sueño, los días se derriten como relojes dalíneanos, se sospecha de los minutos como emisarios de lo inevitable. Solemos pensar que las etapas de la vida se cierran en bloque, conforme avanzo en los años descubro que las etapas son como un tejido complejo compuesto de infinidad de hilos, al paso del tiempo algunos se rompen, mientras otros resisten, es por eso que podemos seguir hilos hasta nuestra infancia o adolescencia. Esa noche se rompió uno de los hilos amarrados a mi edad de la punzada, de ahí la tristeza, el desgarro y el dolor. Hasta el momento no logro hacer el recuento de los daños.
Uno de los obsequios de vida que recibí de Carlos fue la música de U2, particularmente la canción de Pride (In the name of love), eran tiempos en que soñaba con ser protagonista de un cambio mundial, acababa de caer el sólido muro de Berlín, creía que se podía lograr lo imposible. Teníamos un grupo musical, escribía poemas y comenzaba a entender la complejidad del escenario internacional. Pensaba en el amor como una fuerza de cambio, se fortaleció mi convicción por la no-violencia. Todo esto se consumó años más tarde en mi decisión de estudiar Psicología, abandonando el plan de estudiar Derecho, descubrí que mi camino de transformación era de la persona hacia la sociedad. Se amarró un hilo, aquel que se rompió la noche de mi sueño.
Han pasado 25 años del mítico 1989, perdimos lo mejor del socialismo y heredamos lo peor del capitalismo, su pragmatismo. A diario se fumigan las casas, las calles, las aulas, las oficinas, las redes sociales, esto es, lo habitable física y virtualmente. Todo con el fin de erradicar la poiesis, la que los pragmáticos sienten como una gran amenaza. El mundo se torna letárgico, prevalecen los reproductores sobre los productores, es una era de insaciables repetidores e imitadores de los trending topics. Hay lamentos por la muerte de José Emilio Pacheco y celebración por el centenario del nacimiento de Octavio Paz, pero pocos pueden citarles, porque lo que realmente importa es conocer Los cuatro acuerdos o La paradoja.
En mi sueño murió ese furor juvenil por el cambio, tan veloz que choca con la realidad y lanza a la fricción del existencialismo burocrático. Probablemente sea un paso en dirección de la sabiduría, es el esclarecimiento de que el cambio y la transformación no son consecuencia de un propósito personal, sino de una compleja madeja de elementos que se organiza en un momento específico de manera inexplicable. Esto rompe la lógica pragmática del self made woman/man y la retórica de la autoayuda, la cual es buen negocio porque es como el barniz de uñas, decora pero rápidamente se quiebra.
En medio de la obsesión por las autopistas, donde el objetivo único es llegar (aunque no se tenga claro para qué), me gusta andar por los caminos prolongados, como el Psicoanálisis, donde es posible convivir con el paisaje, detenerse, respirar, contemplar, sabiendo que toda llegada es solamente una escala. 

¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.


¡A su salud, Don Pedro Calderón de la Barca!

martes, 25 de febrero de 2014

Neosolteros: Los hijos del padre rico


Ahora me doy cuenta de que todo lo que buscaba estaba mucho más cerca de lo que imaginé. Con alguien o sola, en los momentos en que te amas y respetas totalmente a ti misma, el mundo a tu alrededor cambia. Finalmente, la felicidad es una elección.

Paula Schargorodsky, 35 y soltera


JaJaJaJaJaJaJaJaJaJaJaJa…(ahogo)…JaJaJaJaJa…

Juan Pablo Brand, Respuesta a Paula Schargorodsky



Libros de reciente edición exclusivamente sobre o para mujeres solteras jóvenes:

•   Si soy tan buena ¿por qué estoy soltera? (María Marín)
•   Confesiones de una soltera atrevida (Alison Taylor)
•   Soy feliz, soy soltera (Patricia Becerril)
•   Agenda para solteras (Viviana Kahn)
•   Soltera pero no sola (Claudia Cervantes)
•   Treintona, soltera y fantástica (Juana Inés Dehesa)
•   Soltera en un mundo de casadas (Lorraine Peterson)
•   Manual de la soltera codiciada (Ximena Arrieta)
•   31. Profesión: Soltera (Claudia Aldana)
•   Dame un mes… soltera (Lidia Herbada)
•   La perfecta cabrona y los hombres (Elizabeth Hilts)
•   Nueva guía para ser más cabrona (Elizabeth Hilts)
•   Sola soltera y sin apuro (Sivina Barrero)
•   Sin pareja y feliz (Wendy Bristow)
•   Soltera serial (Andrea Marra)

Libros de reciente edición exclusivamente sobre o para hombres solteros jóvenes:

•   Cocina fácil para solteros. Para Dummies (Inés Ortega)
•   Cómo no tener la cocina como un cerdo (Óscar Terol)
•   Cocina para inútiles (Chuma Ferrer)

Mi pregunta de investigación: ¿Por qué las mujeres solteras quieren ser felices y los hombres solteros quieren cocinar?

•   Hipótesis 1: No sólo de pan viven las mujeres solteras, aunque al parecer los hombres solteros si.

•   Hipótesis 2: Las mujeres solteras son realmente las Homo Sapiens, que buscan su autorrealización, los hombres solteros son Cromagnones que lo único que se les ocurre es salir a cazar (al supermercado) y luego cocinar sus logros de cacería.

•   Hipótesis 3: Los hombres solteros no escriben sobre sí mismos.

•   Hipótesis 4: Las mujeres solteras ya se dieron cuenta que cambió el contexto socio-cultural, los hombres solteros por estar jugando X-Box, viendo porno o perdidos en su iPad no se han dado por aludidos.

•   Hipótesis 5: A los hombres solteros no los educaron para la sobrevivencia y en su análisis FODA, su debilidad es la gestión de su propio cuidado. Por lo que sólo merecen literatura para Dummies.

•   Hipótesis 6: Las mujeres tienen que justificar su soltería.

•   Hipótesis 7: Los hombres no compran libros sobre solteros.

•   Hipótesis 8: El matrimonio hace infelices a las mujeres y engorda a los hombres.


Con mi saco de hipótesis inspiradas en profundas controversias científicas inicié la inmersión en el tema que ocupa cada vez más espacios en revistas, blogs y discusiones mediáticas: l@s neosolter@s. Nueva raza humana emanada de las entrañas del neoliberalismo, representantes de la generación “Pro”. La primera en utilizar el concepto neo-soltería, fue Carmen Alborch (2009) en su libro Solas: gozos y sombras de una manera de vivir, para asignárselo en su forma adjetiva a “profesionales muy calificados, desenvueltos, competentes, seguros de sí mismos, y con un alto nivel cultural, que no tienen por referente social a la pareja, no están obsesionados con la estabilidad económica, pues ya la han alcanzado, no renuncian a las comodidades sino por el contrario las buscan y saben disfrutarlas, no quieren sufrir experiencias dolorosas en el terreno del amor, no es para ellos una prioridad la vida en pareja ni casarse y la cama vacía no representa algo significante, puesto que gozan de éxito profesional”. Sin lugar a dudas es el más vivo retrato de un/a Entrepreneur, prófugos del jardín de Epicuro que retornan al mundo para mostrarnos a los mortales lo que es verdadera felicidad, guardianes del secreto de la bella indiferencia.
El neosoltero se encuentra a sí mismo y se sorprende, como Paula Schargorodsky, se mira al espejo y se pregunta: ¿cómo no te descubrí antes corazón? Frente a quienes no admiran su perfección o las parejas que no están dispuestas a sobrellevar todos sus caprichos fruncen el ceño y se dicen: Perdónales porque no saben lo que hacen.
Pero ¿realmente existen los neosolteros? En realidad las categorías pertenecen a quienes las crean y quienes las crean suelen ser entusiastas de la dialéctica hegeliana, esto es, el viejo modelo de tesis, antítesis y síntesis. La neo-soltería es simplemente la antítesis del matrimonio tradicional, la síntesis es la felicidad. En unos años desfilarán cientos de libros argumentando la antítesis de la felicidad, que probablemente será la sustentabilidad, entonces legiones de investigadores mostrarán que en realidad la especie humana no ha evolucionado para ser feliz sino para el logro de su continuidad y por tanto para proteger al grupo y su entorno. Entonces los neosolteros serán vistos como reaccionarios peligrosos o como visionarios de la inevitable necesidad de regular la tasa de natalidad. 
En general estas categorías, más que científicas están definidas por el mercado, se delimitan perfiles con características ideales con las cuales las personas se identifican, el siguiente paso es  crear toda una oferta de productos y servicios para ese perfil, los cuales son consumidos por quienes se identifican con él, puesto que uno de los impulsos más intensos en los humanos es a ser incluidos y por tanto a excluir. Así surge un nicho comercial para neosolteros, el cual está particularmente concentrado en internet. En su afán por la comodidad, el neosoltero visualiza su móvil, su tableta o su computadora como su lámpara de Aladino, la cual basta encender para que el genio pregunte: ¿Qué deseas? Probablemente busque una actividad física, espiritual o naturista para fortalecer su conexión consigo mismo, no se guiará por una moral o una ética, sino por el principio del placer. Deseará viajar, de ser posible a sitios exóticos donde pueda afianzar su competencia emprendedora y su vocación de modelo y líder. Además de enriquecer el alto nivel cultural que les atribuye Alborch.
    En fin, la crisis de las identidades es un campo fértil para los negocios, es por eso que estoy pensando capitalizar mi estado civil y sustentar una categoría que se va a llamar iSingles, esto es  Solteros i (léase la “i” en su pronunciación inglesa, esto es: ay, ahí o hay), que se referirá a los solteros que estuvimos casados, nos divorciamos y retornamos a la soltería pero con hijos. Primeros productos y servicios: iMisHijos, iMisDeudas, iGüey, iDolor, No-i. No habrá muchos consumidores en esta categoría pero si mucha fraternidad.
i7: ahí-SeVen



miércoles, 12 de febrero de 2014

Adictos al entretenimiento


Toda adicción es un autoexilio de la serenidad, es una arritmia con respecto a la ananké de nuestro organismo y por tanto es goce, un incesante aceleramiento de la muerte simbólica y real. El entretenimiento es la trampa de los cazadores, somos atraídos con cebos impregnados con aroma de felicidad, nos cantan las sirenas la balada de “Te lo mereces”, nos mantienen en el parque de diversiones, para que perdamos la medida de lo óptimo.

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domingo, 9 de febrero de 2014

El amor, mis neuronas y tú (un gesto de ironía en el mundo feliz)


Dicen los que saben que cada amor coloniza una de nuestras neuronas, un rostro, un aroma, una voz o un roce encienden una luz permanente en el árbol cerebral.
Si al nacer tuve la fortuna de ser llevado en los brazos de una bella enfermera, sus facciones se grabaron en una de mis neuronas en merecida gratitud por todas las decisiones que se tejieron para que estuviera a mi lado en ese preciso momento.
Mis seres más queridos, con su ternura, empatía, cuidados o divertimentos ocuparon circuitos neuronales completos, como avenidas principales que conectan con redes secundarias.
Al paso del tiempo mi cerebro fue asemejándose a los azarosos destellos de foquitos  en un árbol navideño, ver un álbum fotográfico era levantar el telón a una danza intracraneal.
El asunto es que si tengo aproximadamente cien mil millones de neuronas, ni la población mundial completa podría satisfacer mi capacidad de amar, pero regularé la voracidad, también hay que sentir el mundo, moverse, comer, respirar, pensar y claro, tener mucho o poco amor propio, que es una especie de reserva federal de neuronas, útil para las inversiones y las crisis.
Me divierto imaginando mi corteza cerebral como el mapa de una ciudad con el respectivo nombre de sus calles, donde el camino tal se cruza con la ruta X, con anchos y extensiones diversos, con callejones, cerradas o calles en construcción, en fin, un sistema vivo, cambiante y autopoiético.
Cuando me hablan de una persona que supuestamente conocí pero no recuerdo, pienso que no fue tan representativa como para apropiarse de una mis neuronas, por otro lado huyo de las redes sociales en internet como un método anticonceptivo para mis neuronas, con tanta información falsa temo que una de mis preciadas células quede preñada con el recuerdo de una ficción, de ser así prefiero habitarla con un buen personaje literario o cinematográfico. Sería maravilloso poder emitir órdenes de desalojo para nuestras neuronas, liberarlas de aquellos amores o cariños estorbosos y colocarle el letrero de “Se Renta”.
Bajo estos argumentos propongo que en la próxima celebración de las fiestas de San Valentín, se eliminen todos los corazones para darle lugar a globos, cajas de chocolates o cartitas con forma de neurona. Esto borraría todo intento de exclusividad, corazón sólo hay uno, las neuronas son millones. Si su intención es expresar un afecto mayor tienen la posibilidad de obsequiar un circuito neuronal y para los más arrebatados queda la opción de regalar algo envuelto en un cerebro completo.
Escribió el poeta Gustavo Adolfo Bécquer: ¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas? Poesía… eres tú. Lo parafraseo, ¿Qué es amor? ¿Y tú me lo preguntas? Amor… es la neurona donde estás.


miércoles, 8 de enero de 2014

Celebrar con un "Selfie" los cien años del narcisismo freudiano

No hay que apagar la luz del otro para lograr que brille la nuestra
Mahatma Gandhi

Caminar por el salón de los espejos del Palacio de Versalles es un rito iniciático del esnobismo, es un tránsito entre dos dimensiones, la del campo tridimensional donde uno es observador y el bidimensional donde uno se constituye en escena de lo observado, como si de una fotografía se tratara es posible mirarse con un fondo de bellos jardines y un extenso lago artificial, tal como se vieron Luis XIV, Luis XVI, Napoleón, María Antonieta o Josefina. La imaginación permite representarse las grandes fiestas donde seguramente la nobleza y los poderosos de la Francia de los siglos XVIII y XIX se observaron en esos espejos y se enorgullecieron de ser ellos al formar parte de esa instantánea del glamour. Ahora son las revistas de sociales las que cumplen esa función de espejo, a las personas les gusta mirar su imagen en esos inventarios del poder y la moda, esa imagen que parece tener una vida independiente, viajando por los medios y las redes sociales, evidencia de que “se es alguien”, y la prueba de que “se es” es que hay otros que están viendo la imagen. Si algo hay particularmente ilusorio son las imágenes, sean físicas o mentales, sin embargo, son tan accesibles y fáciles de entender que las consideramos la evidencia más reveladora.
En la actualidad tenemos los recursos y los medios para el self-branding, esto es, promover nuestra imagen, ideas y producciones como una marca en sí misma. La palabra Brand me es sumamente familiar, puesto que la llevo por apellido, lo cual me motivó hace muchos años a ir tras su origen. Significa tizón, esto es, ese instrumento de metal que se pone al fuego para posteriormente colocarlo sobre la piel de los animales para marcarlos como propiedad. Partiendo de esto el self-branding es la aspiración a ser el tizón que marque a quien se nos acerque, ya sea por la vía material o digital. La función que cumplían las religiones, las ideologías, las empresas, los productos, ahora las cumple el YO. Esto da un contexto para la proliferación del Selfie, estos autorretratos fotográficos que pueden conservarse para el museo personal o que se publican en redes sociales para medir su efecto de branding. El autorretrato no es nuevo, grandes artistas lo han elegido como tema: Durero, Da Vinci, Rembrandt, Goya, Van Gogh, Picasso, Schiele, Kahlo, Bacon, entre otr@s. Sin embargo, ahora no vienen a mi memoria imágenes de estos artistas enviando besos, en ropa interior o con gestos cómicos. También en los autorretratos de estos artistas podemos ver claras diferencias entre quienes pertenecen a la era de la fotografía y los que no, los primeros suelen representarse con modificaciones, alteraciones o elementos agregados, mientras que Durero, Da Vinci, Rembrandt o Goya se retratan con sumo cuidado, de otra manera la imagen de sus rostros se hubiera perdido.
Lo interesante con los Selfies es que las personas se sorprenden con su propia imagen, se dicen a sí mismas: ¡que guapa!, ¡que guapo!, ¡que sexy!, ¡que original! ¡woaw¡, ¡jajajaja! Es más un encuentro que un descubrimiento, es el doble que nos trae noticias de nosotros mismos, es un ciclo que va de uno a lo otro y de vuelta a uno. De ahí que las personas elijan para su publicación un Selfie entre mil que han hecho, regularmente el encuentro con nuestra imagen no es tan amable. En los Selfies acompañados predominan algunos estereotipos: sonrientes, sexys, “originales” (con pretensiones artístico-conceptuales) y cómic@s. Esto varía de acuerdo a con quien se comparta el Selfie y los objetivos del mismo.
Ante esto, cabe la pregunta ¿para qué hacer Selfies? La respuesta la dio Sigmund Freud hace cien años (1914) en su ensayo Introducción del narcisismo. Con la reminiscencia del mito griego de Narciso, quien precisamente quedó prendado de un Selfie obsequiado por un lago, Freud da un salto teórico-clínico de gran escala. Desde mi perspectiva este texto tiene una importancia similar a La interpretación de los sueños, es más, al paso del tiempo, el abordaje freudiano de los sueños ha sido ampliamente cuestionado, mientras que el concepto de narcisismo es actualmente imprescindible en la investigación de la condición humana, tanto en su análisis general como en sus manifestaciones psicopatológicas. El psicoanalista parte de la descripción que hizo Näcke en 1899 de una perversión sexual a la cual denominó Narcisismo y que se define como aquella conducta por la cual el individuo da a su cuerpo propio un trato parecido al que daría al cuerpo de un objeto sexual. No haré una disertación sobre la sustentación freudiana, se puede consultar directamente en el texto, aunque es posible que sea de difícil lectura para quienes no estén familiarizados con los conceptos freudianos, puesto que su contenido está muy condensado y por tanto el autor obvió en el lector el conocimiento previo de su obra. Retomaré solamente algunos puntos para dar cuenta de la actualidad de dicho ensayo.
En Introducción del narcisismo, Freud cimentó la base de una revolución clínica, organizó los argumentos de un dinamismo psíquico que explica por qué los seres humanos podemos representarnos y tratarnos a nosotros mismos como si fuéramos un objeto. Con el fin de ofrecernos una fenomenología de sus dichos, toma los ejemplos de la enfermedad orgánica, la hipocondría y la vida amorosa.
Con respecto al primer punto nos dice: Es sabido –y nos parece un hecho trivial- que la persona afligida  por un dolor orgánico y por sensaciones penosas resigna su interés por todas las cosas del mundo exterior que no se relacionen con su sufrimiento. Basta recordar cualquier enfermedad o malestar físico que hayamos sufrido para coincidir con Freud. Es frecuente que la persona enferma modifique sustancialmente su actitud para con los otros y las cosas. Se suelen intensificar las conductas de autocuidado, los sentimientos de indefensión y los pensamientos alrededor de un trato injusto o de señalamientos sobre las posibles causas de contagio o causa del malestar, que se suelen focalizar en alguna persona en particular. Se pierde el interés por los gustos cotidianos como comer, beber, el sexo, convivir, en fin, cada persona es afectada en su constelación de placeres.
En el caso del hipocondríaco, Freud nos dice que retira interés y libido de los objetos del mundo exterior y los concentra sobre el órgano que le atarea. Esto es, el hipocondríaco hace del supuesto órgano afectado el centro de sus preocupaciones, lo que le permite justificar su desprendimiento de los demás, intentando además atraer las miradas de los otros sobre su malestar. Freud lo explica como una estasis (estancamiento de sangre o de otro líquido en un órgano del cuerpo) derivada de una hiperconcentración libidinal, esto es, una de las manifestaciones de la energía que dinamiza el psiquismo humano. Al analizar este padecimiento, Freud nos obsequia un enunciado sublime, un poema psicoanalítico: Un fuerte egoísmo preserva de enfermar, pero al final uno tiene que empezar a amar para no caer enfermo, y por fuerza enfermará si a consecuencia de una frustración no puede amar.
En cuanto al modo narcisista de amor, Freud nos ofrece un mapa muy preciso que nos coloca frente al cuestionamiento de nuestra forma de amar y de quienes afirman que nos aman. Para él, en el tipo narcisista se ama:
-       A lo que uno mismo es (a sí mismo).
-       A lo que uno mismo fue.
-       A lo que uno querría ser.
-       A la persona que fue una parte del sí-mismo propio.

Esto es un golpe sustancial a la exacerbación amorosa, eso que entendemos como “lo romántico” es en muchas ocasiones narcisismo puro, el “romántico” no puede simplemente amar, sino que tiene que emprender grandes hazañas, aplicar intensamente su creatividad y supuestamente renunciar a sí mismo con tal de lograr un impacto en el ser amado. En el fondo, el “romántico” quiere ser excepcional, único y totalmente original; no está tan interesado en la otra persona sino ser testigo del reflejo de la fuerza de su “amor”. Esto es muy tangible en la ansiedad actual por hacer de la entrega del anillo de compromiso un hecho espectacular, “del que se hable”. La oportunidad de las fotografías y su publicación en redes sociales intensifica la necesidad de hacer algo excepcional. La comprometida, si es que acepta el anillo, porque el show y la inversión no aseguran el “sí”, estará más preocupada por dar a conocer los detalles a sus amigas que por un momento de amor con el comprometido, quien a su vez leerá en el rostro de su prometida y después en las respuestas en redes sociales, su “efecto romántico”. El amante narciso en adelante encontrará un desfile de espejos que le dirán: “que lindo”, “ojalá mi novio haga algo igual de especial”, “se ve que la amas mucho”, etcétera. Esto en ocasiones tiene como consecuencia que los preparativos de las bodas duren más que los matrimonios o la fidelidad, puesto que The show must go on, lo cual es difícil de lograr en la rutina de un hogar. Otra opción es que entren en escena l@s hij@s, quienes en su fragilidad, vulnerabilidad y total dependencia, son instrumentos fáciles del narcisismo de sus padres. Como dice Freud: El punto más espinoso del sistema narcisista, esa inmortalidad del yo que la fuerza de la realidad asedia duramente, ha ganado su seguridad refugiándose en el niño. El conmovedor amor parental, tan infantil en el fondo, no es otra cosa que el narcisismo redivivo de los padres, que en su trasmudación  al amor de objeto revela inequívoca su prístina naturaleza. Esto es, los hijos se convierten en prótesis narcisistas en las cuales los amantes del tipo narciso pueden implantar e impulsar todas esos aspectos que ellos mismos desean ser, desearon ser o esperaron que sus propios padres o seres queridos quienes les cuidaron, fueran.
      El que el Maestro vienés describiera magistralmente el “amor propio”, no lo libró de los impulsos narcisistas a perpetuar su imagen. Si bien en su época resultaba casi imposible hacer un Selfie, fue retratado numerosas veces y cuidaba cada detalle de su vestimenta, arreglo, postura y expresión. De ahí que sea tan recurrente la representación de Freud con un puro, en al menos tres de sus famosos retratos aparece con uno prendido en la mano, correspondiendo a varias edades a partir de su cincuentena.
     Desde la perspectiva freudiana, el narcisismo es inevitable, es un tránsito necesario en el desarrollo infantil y un factor imprescindible para la estabilidad psíquica. Esto llevaría a la conclusión de que es una condición humana universal, sin embargo, algunas tradiciones orientales lo plantean de manera diferente, el yo es un creador de ilusiones al cual hay que apaciguar y erradicar para poder conectar con la totalidad, de ahí que desde algunas expresiones del budismo quede eliminado el yo y sus derivaciones, hasta en la enunciación. Por ejemplo, no afirman “Me duele”, sino solamente “Duele”, o “Escucha” en lugar de “Escúchame”. No conozco la opinión de los budistas sobre los Selfies, pero lo poco que conozco de budismo me lleva a pensar que quizá los consideren una distracción inútil y peligrosa para la el logro de las cuatro nobles verdades.
     Como dijo el Señor, o sea Yo, les dejo este nuevo mandamiento:  Ámenme las unas y los otros como Yo me he amado. Interrumpo la redacción, tomaré un Selfie para recordarme cuando escribí sobre los Selfies…


Ahí Self-ven.