lunes, 2 de junio de 2014

El Vals Alejandra, una historia de familia



Cuenta la Ramirada que la tía Alejandra era muy hermosa, hablan de sus veladas en la plaza Machado y el teatro Rubio, donde era asediada por legiones de pretendientes, a los que ella, con su educación de institutrices y profesores privados, obsequiaba una mirada para después olvidarles. Se dice que una de esas noches la conoció Rafael Oropeza, quien al verla vaporosa, elevada en la belleza de sus diecisiete años, derramó su corazón para ofrecérselo de alfombra. Fue tal su fascinación que buscó al músico Enrique Mora, compositor de la conocida Orquesta de los Hermanos Mora. Le pidió un vals en honor de su amada, ante esto, el músico seguramente aseveró “Si se me permite preguntar ¿cuál es el nombre de la divina dama?”, a lo que Oropeza respondió: “ Alejandra Ramírez Urrea, la hija de Don Alejandro y Doña Elodia”, a lo que Mora quizá refrendó “Poco será mi arte frente a tal beldad, pero con su nombre en el Vals, todo se enmendará”.
 En la plazuela Machado, corazón social de aquel añejo Mazatlán, se estrenó el Vals “Alejandra” el 15 de julio de 1907, interpretado por la Orquesta de los Mora, fue recibido con beneplácito del público. Con la presencia de la agasajada, quien fue solicitada con insistencia por parte del enamorado, la noche anunciaba el tan esperado sí. Los aplausos llovieron al concluir la pieza, el compositor se acercó para entregar en propia mano la partitura a la entusiasmada joven, resaltaba su nombre en letras oscuras y grandes “ALEJANDRA”, ella dejó su asiento para recibir el obsequio y agradecer, ¿qué perla más grande puede haber para la vanidad de una joven doncella mazatleca que ser la estrella de una noche en la plaza Machado? Un rumor de permanencia  ya comenzaba a sonar: “Tu vals te sobrevivirá y serás conocida allende este siglo”.  
Pero no olvidemos al verdadero orquestador de toda esta maravillosa noche, Rafael Oropeza. Tras el agradecimiento de la dama Ramírez, Enrique Mora le hizo saber los motivos de su composición, así apareció mágicamente el encandilado joven, quien inmediatamente le preguntó si le había gustado su vals, con lágrimas en los ojos ella respondió que le había encantado, gesto que infló de esperanza a Rafael, así que la tomó de las manos al tiempo que murmuró en su oído si le gustaría que le tomara sólo una mano, pero para siempre. Alejandra Ramírez Urrea, no sólo hermosa sino inteligente, tan sólo soltó sus manos sin responder, Oropeza entendió que la inextinguible sonrisa y las emocionadas lágrimas no eran expresión de un amor recíproco sino una vanidad mimada , se retiró sabedor de que todo había concluido.
Nueve años después, Alejandra se casó con José María Retes y tuvieron tres hijos. Rafael Oropeza se casó y se fue a vivir a la Ciudad de México, más de mil kilómetros de distancia parecieron suficientes para dejar atrás las notas de ese Vals que le otorgó memoria pero selló su adiós a la amada Alejandra. Enrique Mora murió siete años después a causa de un mal hepático, su nombre figuró en la Orquesta Clásica de México de las festividades oficiales del Bicentenario de la Independencia de México, Alejandra le regaló la inmortalidad y él le correspondió de la misma manera.
Narra también la Ramirada que la tía Alejandra murió en Monterrey y su sepelio se acompañó con las notas de su Vals, paradójico destino para una pieza compuesta para celebrar su joven belleza, un vals trastocado en marcha fúnebre. Pero no hay que perturbarse, son contadas las personas cuyos nombres han encabezado la partitura de una obra orquestal, eso lo entendió bien la tía Alejandra, por lo que hizo de esta melodía la música de su vida y, al final, de su muerte.
Se suceden los párrafos sin que de cuenta de mi tono familiar con la que sin recato llamo tía. Resulta que de tener cuatro apellidos mi tercero sería Ramírez y el cuarto Zazueta, uno de Mazatlán, otro de Culiacán, mazatleco de padre y culichi de madre, aunque suene chocarrero. Mi bizabuelo se llamaba Miguel Ángel Ramírez Urrea, era hermano de Alejandra, una de sus hijas fue Carmen Ramírez, mi abuela, madre de mi padre, Miguel Ángel, homónimo de su abuelo, al igual que mi hermano. Mi abuela, excelente interprete de piano, nos solía deleitar con la versión para piano del Vals Alejandra, era un ritual de familia durante el cual yo escuchaba una lluvia de halagos para la tía Alejandra, pero  mi mente infantil se perdía en las ramas de las generaciones. Años después, viendo la película Santa Sangre de Alejandro Jodorowsky, que se ubica entre mis largometrajes más queridos, volvieron las notas de aquel vals de las narrativas de mi infancia, en ese momento sentí una profunda conexión con ese universo de la Sinaloa pre-revolucionaria donde se gestaron las glorias de mis familias paterna y materna, tiempo y lugar míticos que como Macondo o Comala, han sido devorados por la vorágine contemporánea, desdibujando el aura de la doncella, el enamorado y el músico tejiendo no el amor, sino su trascendencia en medio de la plaza Machado.
A la Ramirada se entrelaza otra historia en la que no me extenderé pues se puede consultar en múltiples fuentes históricas. La tía Alejandra y por tanto el bizabuelo Miguel Ángel, eran sobrinos nietos de Ignacio Ramírez “El Nigromante”, quien tuvo el complejo perfil de los reconocidos liberales mexicanos del siglo XIX: Escritor, poeta, periodista, abogado, político e ideólogo. Su apodo “El Nigromante” nació en su época de periodista junto a su amigo Guillermo Prieto. Este tío muy lejano, formó parte del Congreso Constituyente que elaboró las Leyes de Reforma, Benito Juárez lo nombró Secretario de Justicia e Instrucción Pública y años después, Secretario de Fomento. En el mural pintado por Diego Rivera en el Hotel del Prado, lo representó portando un letrero que decía “Dios no existe”, esto obligó a que el mural permaneciera fuera de la mirada del público por nueve años, cuando salió a la luz el mural sufrió ataques de estudiantes católicos, por lo que el artista decidió cambiar el contenido del letrero y escribir: “Academia de Letrán 1836”, en memoria del polémico discurso que Ignacio Ramírez “El Nigromante” enunció al ingresar a dicha Academia, uno de tantos actos de su vida que lo colocaron entre los grandes protagonistas de la creación del Estado laico mexicano.
Y yo que pensaba que mi liberalismo era una manifestación de mi libertad individual.
Despidámonos como lo hizo mi bella tía, con el Vals Alejandra:


https://www.youtube.com/watch?v=e5amkPjJSXw&index=3&list=PL11254A1499F53207


Fuentes:
  •  La memoria de la Ramirada (nombre dado en la familia a las reuniones que convocan a todo el clan Ramírez en Mazatlán, Sinaloa).
  • Otto Schober. Historia del Vals Alejandra. Disponible en: http://www.zocalo.com.mx/seccion/opinion-articulo/historia-del-vals-alejandra
  • La versión del Vals Alejandra es la que incluyó Alejandro Jodorowsky en su película Santa Sangre.

10 comentarios:

  1. ¿No tendrás una foto de Alejandra Ramírez Urrea o podrías conseguirla? Me gusta mucho el vals y sería magnífico tener una foto de quien lo inspiró.

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    1. Pasaron casi siete meses, pero ya conseguí la foto de la tía Alejandra y la agregué al al blog. Saludos

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  2. No tengo una foto de la tía Alejandra, pero voy a preguntar en la familia y si hubiera una con todo gusto te la comparto. Saludos.

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  3. Gracias por compartir tan bella historia. A mi también me encantaría ver una foto de la tía Alejandra. ¿ Por que ella no aceptó a su enamorado?

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    1. Sigo en la búsqueda de la foto. En cuanto a la pregunta, por lo que sé, es que si bien la tía Alejandra recibió con agrado la composición, no así las intenciones del enamorado. Como toda mujer bella, sabía que vendrían otros candidatos para poder elegir a alguien afín. Saludos.

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  4. Gracias por esta historia que me ayuda entender más él Vals Alejandra. Con orgullo yo soy la bis sobrina del compositor Enrique Mora Mi abuela materna era Luisa Mora de Preciado también nacida en Mazatlan. Su padre Elijio Mora (mi bisabuelo) era el hermano de Enrique y el conductor de la orquesta Hermanos Mora que presentó por primera vez el Vals Alejandra

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  5. Mi abuelo Manuel Preciado también era músico en la sinfonía de Mazatlan junto con los hermanos Mora. Así se conocieron mi abuela y el

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  6. Qué interesante historia y muy buena la forma de contarla. Entonces el vals lo compuso Enrique Mora en 1907, ¿sabe cuándo se compuso la letra y quién es el autor?

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    1. Gracias por el comentario. La letra la escribió el propio Enrique Mora cuando compuso la música. Saludos

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  7. En que año fue reina electa de carnaval de mazatlán, segun tengo entendido más no fue coronada hasta muchos años despues. Me puede facilitar el dato a pericosmoc@hotmail.com

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